Mercedes pagar una factura también se convirtió en un problema
En Mercedes hay una situación cotidiana que parece haberse naturalizado, pero que golpea directamente el bolsillo de cientos de vecinos: el cobro de recargos extras para pagar servicios básicos en bocas privadas de cobranza.
Desde que las entidades bancarias dejaron de recibir pagos de impuestos y servicios comunes como luz, agua, cable o teléfono, los ciudadanos quedaron prácticamente obligados a recurrir a empresas privadas de cobranza, como Pago Fácil o Rapipago. El problema es que, con el paso del tiempo, comenzó a instalarse un sistema donde cada local parece manejar sus propias reglas, sin controles claros y sin una respuesta concreta de los organismos que deberían intervenir.
En un primer momento se hablaba de la prohibición de cobrar adicionales por cada factura. Sin embargo, lentamente esa práctica comenzó a normalizarse. Primero fue un monto fijo “por servicio”, después un pequeño recargo y ahora, en algunos casos, directamente se cobra un porcentaje sobre el importe total de la factura.
Lo más preocupante es que muchos vecinos aseguran que ese dinero extra se cobra sin comprobante alguno. Es decir, un recargo en negro, fuera de cualquier control formal y que termina representando una carga más para quienes muchas veces apenas llegan a cubrir sus gastos básicos.
La situación genera un fuerte malestar porque el ciudadano no tiene alternativas. Si necesita pagar una factura, debe aceptar las condiciones que impone el comercio de cobranza o exponerse a vencimientos, cortes o intereses.
Aquí es donde aparecen preguntas inevitables:
¿Quién controla estos cobros?
¿La Defensoría del Pueblo tomó intervención?
¿El Concejo Deliberante conoce esta problemática?
¿Existe alguna ordenanza que regule estos adicionales?
Mientras tanto, en otras ciudades vecinas ya existen mecanismos municipales para evitar este problema. Algunos municipios habilitaron cajas propias para el cobro de servicios, permitiendo que los vecinos puedan pagar sin recargos extras.
En Mercedes, en cambio, el tema parece avanzar sin control y sin debate público, mientras el costo termina cayendo siempre sobre el ciudadano común.










